jueves, 7 de abril de 2011

La dialéctica intangible

Hay un diálogo que las palabras no pueden alcanzar, hay toda una significación que no puedes controlar. Regalar, pararse, sentarse, caminar, moverse, saludar, hablar, mirar, reír. Todo un lenguaje de la acción.
No sabía que existía. Era muy pequeña para saberlo. No, no era muy pequeña, era muy ingenua.

Y ahora tengo miedo de ser leída sin haber escrito, de que escuchen lo que no he dicho. Ahora he llegado a cohibirme. He llegado a preguntarme si la cortesía se puede interpretar. Ahora no sé cómo actuar...
Es simple prudencia podrían decir. Pero no, la prudencia no basta, no es suficiente ser prudente si eres ingenuo. La ingenuidad es ignorancia también. Ignorar no te hace inocente, no te justifica. ¿Acaso hay un código secreto, un diccionario de la dialéctica de los gestos, los actos y las formalidades? ¿Acaso eso sólo se aprende echándolo a perder, pasando vergüenzas, deshilando malentendidos? ¿Acaso alguien olvidó decirme algo? 

Ahora, en vista de que todo lo que hago puede ser interpretado, creo que tengo derecho a permanecer quieta. ¿O acaso eso significa también? ¿es una especie de desaire? De todas formas, no puedo quedarme quieta el resto de mi vida. Entonces ¿qué hacer? 

No lo sé. Es desagradable darse cuenta de que has estado hablando todo el tiempo que estuviste callada. ¿Qué queda entonces? La claridad del habla, del idioma, a pesar de toda su ambigüedad, a pesar de su infinita carga semántica. Sólo me quedan las palabras. Sólo me queda decir: Lo siento, por favor no trates de leer todo lo que hago; lo siento, a veces actúo inconscientemente, a veces no pienso para actuar...a veces sólo hago las cosas con amabilidad; lo siento, soy ingenua y no siempre quiero hablar...

No hay comentarios:

Publicar un comentario