
Solía acostarse en mi hombro y desdoblar los bucles de su cabello, era extraña esa sensación, la manera como se erizaba mi piel cuando entraba en contacto con las hebras de ese castaño oscuro. Era una sensación de cariño y de ternura profunda, a lo mejor pudo haber llegado a ser mucho más veraz, mucho más vivída por los sentidos, si tan sólo ella no se hubiera ido.
Y si tan solo se hubiera largado, si no tuviera que verla más y tolerar que me hable, pretendiendo ser mi amiga, como si eso me importara. Lo que no sabe, y jamás quiero que se entere, es que aún me vuelve loco.
Odio verla así, odio amarla, odio desearla, odio que no esté conmigo, pero sobre todo...odio que no pueda odiarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario