Pasamos nuestra vida pensando que somos imprescindibles para todo el mundo: trabajo, amigos, parejas, etc. Pero no nos damos cuenta que en cualquier momento nos pueden cambiar, hacer a un lado, despedir o simplemente terminar con nosotros. La dura y cruel realidad, que muy pocos de nosotros afrontamos, es que solo somos irreemplazables para nosotros mismos.
Sí, la única persona para la cual no tengo un reemplazo soy yo debemos aprenderlo y sobre todo aceptarlo. Asi deberíamos vivir nuestra vida, no tanto pensando que siempre voy a tener seguro mi trabajo, mi pareja o mis amigos, sino mas bien, hasta cuando mi contrato con esa entidad, persona o grupo continuará. Puede ser un contrato de por vida, por unos meses o quizá solo por unos cuantos días. Nuestra tarea es no permitir que nadie ni nada se convierta en algo único para nosotros, pues recordemos que nosotros no lo somos para nadie.
Ama intensamente, trabaja esforzadamente y comparte con tus amigos tanto asi como si fueran tus hermanos. El que seamos irreemplazables no quiere decir que tengamos que dejar de dar todo lo que podemos estando con otros, al contrario, demos mas, démoslo todo y nunca dejemos de hacer nuestro mayor esfuerzo en cada cosa que nos propongamos, por pequeña que parezca.
Si lo damos todo, si nos esforzamos al máximo y le sacamos la mayor potencia al motor de nuestra voluntad nunca seremos irreemplazables, ¿por qué? Por el simple hecho de que nunca nos buscaran reemplazo y si asi lo hiciesen tendremos disponible toda suerte de destinos que nos sean satisfactorios.
Esto de ser reemplazables tiene un estrecho vinculo en el camino de la independencia, si queremos ser independientes debemos aprender que nadie es único. Seamos independientes y no dejemos que nadie se vuelva indispensable para nosotros
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