El cuarto de atrás, el lugar donde reposan todos los libros de mi casa es un sitio oscuro, lleno de polvo y un poco aterrador. En este espacio están todos los tomos que mi señor padre ha leído a lo largo de su vida, no quiero ni siquiera imaginarme cuántos son, aunque si espero llegar a rebasar su record algún día. Era pequeño, perdido y un poco desorientado, mi padre me insto a leer, asi que decidí prestarle algo de atención y empezar a buscar lecturas interesantes.
En mi viaje por la jungla literaria de mi padre encontré textos únicos, hallé libros como El discurso del método, El príncipe, La hojarasca, La vorágine, La Maria, y todos los LA y EL que se imaginen. Sin embargo, al final de un estante vacío algo desierto y bastante sucio, descubrí un libro de pasta dura, hojas amarilladas por el tiempo y telarañas colgando de sus puntas, en la portada del libro decía JULIO CORTÁZAR - Cuentos, mas abajo ponía PRÓLOGO DE JORGE LUIS BORGES.
Claro que en estas épocas no conocía a Cortázar y mucho menos a Borges, si, vergonzoso lo sé. Lo más penoso de todo es que no me llamo la atención el libro y lo puse en mi lista de pendientes mientras leía otros que se me hicieran más apetecibles.
Cuento tras cuento: Casa tomada, Lejana, Circe, Bestiario, Axolotl, La noche boca arriba y muchos más. No lo podía creer, vaya cosa de la que me había perdido, un maestro, un intelectual uno de los grandes, Cortázar. Me castigaba a mi mismo por haber dejado pasar tanto tiempo sin ojear a este genio literario, me encantaba, era extraordinario.
Después de esto empecé a buscar más sobre Él, quién era, qué había hecho, qué había escrito.
Y llegue a Rayuela como en un sueño, uno de esos libros con los que te sientes plenamente identificado y que quisieras que nunca se acabara. Un libro que es muchos libros, pero ante todo dos libros, una forma nueva de leer, de ver el mundo maravilloso de las letras. Definitivamente Cortázar, pieza fundamental en el crear literario del pueblo latinoamericano.
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