Hoy levamos anclas y salimos de nuevo a enfrentarnos al mar, con la sencillez de un pequeño navío y el esplendor de un gran bajel, convencidos totalmente que esta embarcación está hecha de la suficiente entereza física y moral como para lograr superar este último reto. Este último viaje de cruentas tormentas, inclementes desafíos, donde la severidad del mar jamás será óbice para seguir luchando, sino al contrario, ésta se convertirá en un aliciente para izar velas y partir, para llegar por fin a la meta, al destino, al límite donde la felicidad se hace por fin posible y el esfuerzo se ve recompensado.
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Hoy deseo decirle que la quiero, lo deseo tanto, que me alejo de ella para que se dé cuenta, por eso mismo le escribo, porque sé que no va a leer mis palabras, porque estoy seguro de que no va a creer en mis versos. Pero, podrían creerme que no sé qué decirle, son muchas cosas, demasiados los sentimientos, es inexplicable la amalgaba de sensaciones que se funden hoy dentro del mismo cuerpo. Todo empieza con un error, la cadena se va desplengando y termina en una llamada, en un falso mensaje que llega a mí de la nada, haciendome temblar, llevandome de cero a cien kilómetros en menos de cinco segundos, creando en mí las más elboradas lucubraciones sobre lo que probablemente en realidad está haciendo.
(El texto se corta porque se vuelve muy personal)
Os dejo con esta gran canción de Andres, no muy conocida, pero por mí y otros cuantos sí.
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Así que hoy partimos, primero de octubre, fecha sagrada en la memoria, en la reminiscencia perdida de tiempos pasados, nos vamos por un lapso de dos meses, o mejor, me voy, el blog queda bajo la mano alada de "alegh", yo me marcho con la promesa de volver, parto en busca esa inspiración diáfana que a lo mejor ya no existe...

¡Buena travesía, amigo!
ResponderEliminar¡Cuídate!
Abrazos de
EGP