viernes, 6 de agosto de 2010

Y al final del día, aún habiendo salido todo mal, siempre quedará espacio para un poema, para soñar un mundo imaginario y flotar sobre las mentes paupérrimas de los demás. El arte saldrá a flote, porque por más intentos fallidos en hundirlo, éste es el único capaz de darle verdadero sentido a nuestras vidas. Y, nuestras vidas, de por sí, son arte.

Nunca he sido un ferviente poeta, pero me gusta la poesía, sólo que me inclino más por la prosa. Sin embargo, la poesía tiene un valor mágico que no muchos pueden lograr - yo mismo he fallado-, tal vez es la rara estructura en la cual se presenta el texto, o quizá la engorrosa empresa de difundir en reducidas palabras la grandeza de un sentimiento.

Cuando hablo de poetas, cuando se me es dado aquel honor, se esoboza en mi mente la imagen de ese viejo libro negro con letras doradas en su portada y con el nombre de mi "primer poeta": Federico García Lorca.

Con motivo del recuerdo he decidido buscarle, espolvorear entrte mis viejos libros y recoger algún poema olvidado.

LA LUNA ASOMA

Cuando sale la luna
se pierden las campanas
y aparecen las sendas
impenetrables.

Cuando sale la luna,
el mar cubre la tierra
y el corazón se siente
isla en el infinito.

Nadie come naranjas
bajo la luna llena.
Es preciso comer
fruta verde y helada.

Cuando sale la luna
de cien rostros iguales,
la moneda de plata
solloza en el bolsillo.

Federico Garcia Lorca.                                                

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