Perdían entonces la luz aquellos momentos mágicos que compartíamos todas las tardes, aquel extraño vacío que nacía desde lo más profundo de las entrañas para terminar haciéndonos temblar por el frío que se postraba en nuestras espaldas. Era fenomenal esa sensación de vacío, era saberse enamorado y a la vez querido por el otro, era algo único. Desde que te fuíste perdí también aquella sensación rara, pero hermosa, de vacío.
Ahora que lo pienso -entre las muchas cosas que me vienen a mi mente-, nunca te escribí realmente, sí, te mandé una carta, mil cartas, te dediqué poemas. Pero, lo que sentía, lo que alcancé a sentir, era tan grande y tan puro que debí haberte escrito algo mejor. Ahora tu recuerdo se ha vuelto en materia prima de producción de textos, es más, a veces todavía puedo sentir el vacío de atrás. Me pregunto qué es de ti, la última vez que te ví ibas de uniforme, tu cabello estaba rizado de una extraña forma, te miré en demasía ese día porque sabía que era el último día en que te vería.
Pero, te sorprenderá saber que no guardo ningun rencor, es más, te recuerdo con cariño, recuerdo nuestros instantes. Se puede decir que no fuimos una pareja perfecta ni de amigos, ni de novios...sin embargo, tuvimos momentos, esos momentos vivirán por siempre, tienen vida propia y son los que en ocasiones me hacen recordarte.
De manera que, aun cuando sé que pasaron tres días ya, te deseo un feliz cumpleaños y recuerda, tuvimos nuestros instantes.
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