Que la felicidad y la tristeza escriben cuentos, donde las palabras no son más que instrumentos, los cuales nos sirven para recordar los pequeños instantes de nuestra existencia. Así que no son las palabras, son los sentimientos, son éstos los que nos permiten hacer de la escritura un arte en el cual cada una de las sensaciones que alguien puede llegar a sentir se transforma mágicamente en los suspiros de vida de todo aquel que siente, sueña y cree.